miércoles, diciembre 02, 2009

REDESCUBRIR LA PERSONA HUMANA


La declaración de Manhattan: redescubrir el valor de la persona humana
Andrés Ocádiz Amador aocadiz@legionaries.org



El pasado 20 de noviembre se dio a conocer la «Declaración de Manhattan», un documento firmado por 152 representantes cristianos ortodoxos, católicos y evangélicos, en la que se pronuncian en contra de algunas políticas del gobierno norteamericano y hacen un llamado de conciencia a toda la comunidad cristiana de los Estados Unidos.

En esta declaración se habla de tres nociones que pueden parecer diferentes entre sí (vida, matrimonio y religión), pero se relacionan mucho cuando se les añade la palabra “respeto”. Y de esto precisamente habla la declaración de Manhattan: respeto a la vida, al matrimonio y a la libertad religiosa.

Podría parecer que es hablar más de lo mismo: porqué los cristianos condenamos el aborto, porqué no aceptamos el “matrimonio homosexual” y porqué pedimos libertad religiosa. Sin embargo, a mi parecer, este texto ha dado en la diana porque nos remite al fundamento de la cuestión: la dignidad de la persona humana.

El problema de fondo es que, poco a poco, se ha ido diluyendo y destruyendo el significado de la persona humana. Si se piensa en la persona como alguien capaz de relacionarse o de hablar, se está olvidando el aspecto fundamental de la persona: que ella es, por naturaleza, racional. Si es capaz de relacionarse y hablar es gracias a esta racionalidad propia de su modo específico de ser. Dichas capacidades (ejercitadas en el alto nivel del hombre, por tanto, de forma muy diversa de lo que se constata entre los animales) no son otra cosa que manifestaciones de su racionalidad. A esto habría que añadir también que cada persona humana es una creatura de Dios, hecha a su imagen y semejanza. En cada hombre o mujer que vemos podemos descubrir, como en un espejo, la imagen de Dios. Todo esto nos muestra que la persona humana no es cualquier “cosa”, sino un ser de valor altísimo por su constitución propia y por su semejanza con Dios.

Teniendo esto claro, lo demás es una simple cadena de consecuencias, porque se comprende que todos los derechos de la persona no son añadiduras extrínsecas que otros generosamente le han concedido, sino que la persona misma, por ser ella quien es, es la fuente de esos derechos. Esos derechos le pertenecen por esencia.

Únicamente a esta luz de la dignidad de la persona se entenderá que los cristianos pedimos respeto a la vida porque la persona lo merece por ella misma y no porque sea útil a la sociedad o porque el niño venga sano. Sólo con este presupuesto se valorará el matrimonio entre hombre y mujer como la primera institución de la sociedad para garantizar la salud, la educación y el bienestar de todas las personas, principalmente los hijos, porque la persona lo merece. Y solamente si se reconoce la dignidad intrínseca de la persona se aceptará que no se puede imponer ninguna religión pero tampoco se puede prohibir, obstaculizar o confinar la libre expresión de los propios cultos y convicciones religiosas.

La «Declaración de Manhattan» también coloca en la mira otros problemas como la falta de apoyo a las madres solteras, el tráfico sexual, la explotación de trabajadores, el abuso de niños, las “limpias raciales”, el SIDA, los altos índices de natalidad ilegítima y el divorcio, entre otros. Pero si se analizan con detenimiento estos problemas, veremos que en el fondo la causa es la misma: se ha perdido de vista el valor fundamental de la persona, de cada persona, y por eso se le abandona, desprecia y explota.

Como bien constata el documento, durante 2000 años de historia el cristianismo se ha esforzado por proclamar la palabra de Dios «buscando la justicia en las sociedades, resistiendo las tiranías y saliendo con compasión al encuentro del pobre, del oprimido y del que sufre». La misión de este decreto, según los mismos firmantes, es hacer un llamado de conciencia a todos los cristianos de hoy a hacernos herederos de esta tradición y defender, una vez más, la dignidad de la persona.

"DIGNITAS PERSONAE" : UN SI A LA VIDA






















“Dignitas personae”: un sí a la vida
Fernando Pascual fpa@arcol.org


El 12 de diciembre de 2008 era publicada la instrucción “Dignitas personae”, un documento sobre biomedicina preparado por la Congregación para la doctrina de la fe. Vale la pena recordarlo al cumplirse un año de esa fecha.

¿Qué buscaba la Iglesia al publicar esta instrucción? Por un lado, pretendía destacar la importancia de la dignidad personal de todo ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural.

Sólo cuando reconocemos la dignidad de la persona podemos iluminar con criterios éticamente correctos el mundo de la tecnología biomédica y de la investigación, para que el desarrollo científico pueda dejarse acompañar por principios sin los cuales descubrimientos potencialmente muy valiosos pueden convertirse en enemigos de la vida o de la salud de algunos seres humanos.

Por otro lado, la “Dignitas personae” reproponía y actualizaba la doctrina presentada en otra instrucción, titulada “Donum vitae” (del 2 de febrero de 1987), en la que se exponían los criterios de la Iglesia católica respecto de la fecundación artificial y de algunas técnicas aplicadas sobre seres humanos en las etapas iniciales de su existencia.

Pasados más de 20 años de la “Donum vitae”, y ante los continuos progresos técnicos y los nuevos problemas suscitados especialmente en las intervenciones sobre el inicio de la vida humana, hacía falta una nueva reflexión de la Iglesia, que afrontase “algunos problemas recientes a la luz de los criterios enunciados en la Instrucción Donum vitae” y que examinase “nuevamente otros temas ya tratados que necesitan más aclaraciones” (“Dignitas personae” n. 1).

El camino realizado para llegar a la “Dignitas personae” fue largo e implicó a un elevado número de personas. Se recogieron en el texto investigaciones y estudios llevados a cabo por la Academia Pontificia para la Vida; también fueron integradas ideas de importantes documentos eclesiales, entre los que destacan las encíclicas “Veritatis splendor” (1993) y “Evangelium vitae” (1995) de Juan Pablo II (cf. “Dignitas personae” n. 2).

Desde el inicio, la “Dignitas personae” quiso dejar en claro el aprecio de la Iglesia hacia la ciencia, vista “como un valioso servicio al bien integral de la vida y la dignidad de cada ser humano” (“Dignitas personae” n. 3). Al mismo tiempo, pidió que los resultados de los nuevos descubrimientos fuesen ofrecidos también a quienes trabajan en las zonas más pobres del planeta, y a quienes sufren de modo más directo a causa de numerosas enfermedades.

La Iglesia quiere acompañar a cada persona que sufre, según un hermoso texto de Juan Pablo II (citado en “Dignitas personae” n. 3) en el que se afirmaba que “la vida vencerá... Sí, la vida vencerá, puesto que la verdad, el bien, la alegría y el verdadero progreso están de parte de la vida. Y de parte de la vida está también Dios, que ama la vida y la da con generosidad” (Juan Pablo II, discurso del 3 de marzo de 2001).

En su introducción, el documento de 2008 explicaba cuáles eran las partes en las que estaba dividido: “la primera recuerda algunos aspectos antropológicos, teológicos y éticos de importancia fundamental; la segunda afronta nuevos problemas relativos a la procreación; la tercera parte examina algunas nuevas propuestas terapéuticas que implican la manipulación del embrión o del patrimonio genético humano” (“Dignitas personae” n. 3).

La lista de argumentos afrontados en “Dignitas personae” es amplia. Podemos recordar algunos, que tienen gran relieve en el mundo de la bioética: la fecundación artificial (sobre todo, FIVET e ICSI), la congelación y el abandono de embriones, la congelación de óvulos, la reducción embrionaria, el diagnóstico preimplantatorio, algunas técnicas abortivas precoces (como la píldora del día después y la RU486), la terapia génica, la clonación humana, las células madre (obtenidas desde adultos o desde embriones).

“Dignitas personae” fue y sigue siendo un decidido sí a la vida humana. Que, en el fondo, es un sí a lo mejor del hombre a la hora de optar y de actuar en el mundo de la medicina y de la investigación, si sabe respetar la dignidad humana, especialmente de los más pequeños e indefensos: los embriones en las primeras etapas de su desarrollo.

ALGUNOS GOBIERNOS QUIEREN ROBAR A LOS PADRES EL DERECHO DE EDUCAR A SUS HIJOS




Algunos gobiernos quieren robar a los padres el derecho a educar a sus hijos
Jorge Enrique Mújica jem@arcol.org


Uno de los principales derechos –y obligaciones– de los padres de familia es la educación de sus hijos. Pero desde hace algunos años ese derecho les está siendo robado por los gobiernos, en algunos países. ¿A qué países y a qué acciones aludimos? ¿En qué áreas de la vida humana? ¿Con qué finalidad y de quién vienen esas pautas a imponer?

Unos países y temas de muestra

A mediados del mes de abril de 2008, el presidente venezolano Hugo Chávez recibió numerosas críticas ante un plan “educativo” que contemplaba una educación militarizada de los niños y adolescentes por medio de la asignatura “ciencias sociales y ciudadanía”. El programa ya había sido rechazado como parte de un referéndum más amplio en diciembre de 2007. Chávez pretendía llevarlo adelante, no obstante.

Uno de los contenidos más preocupantes fue la tesis del “espacio vital”, que en su momento utilizó también el Hitler como justificación bélica y expansionista. No era todo. “En cuanto a historia contemporánea, se dedican muchas horas al gobierno actual y se omiten periodos que al gobierno no le interesa que se estudien, como el periodo de 1945 a 1958, cuando hubo golpes militares y una dictadura de seis años”, refirió Leonardo Carvajal, de la universidad Andrés Bello, de Caracas, al periódico El Mercurio (cf. 12.02.2008).

Meses más tarde, en agosto de 2009, el gobierno socialista de Hugo Chávez sacaría una ley por la que el Estado asume la capacidad ilimitada de intervenir y controlar instituciones educativas privadas, tomando también el poder de “evaluar la capacidad de las personas jurídicas y naturales para el cumplimiento de los requisitos éticos, económicos, académicos, científicos, de probidad, eficiencia, legitimidad y procedencia de los recursos para fundar y mantener instituciones educativas privadas”, informaba aci prensa (cf. 01.09.2009). Se trata de una manera para poder incluir su ideario en las escuelas privadas.

El pasado mes de mayo de 2008, el gobierno argentino, a través del Consejo Federal de Educación, aprobó una resolución que obligaba a todas las escuelas del país a enseñar que “el preservativo es el único método existente para prevenir el virus del SIDA (cf. La Nación, 30.05.2009). “Estamos obligados y no es optativo. Nadie puede negarse. Hoy, una educación de buena calidad incluye información sobre sexualidad”, declaró el ministro de educación Juan Carlos Tedesco al periódico La Nación.

InfoCatólica.com (cf. 24.10.2009) informaba que en Colombia, la Corte Constitucional dictaminó obligar a enseñar el “derecho al aborto” en las escuelas del país: “la orden obliga a hacer ajustes en la educación sexual, y serán los ministerios de educación y protección social los que determinen a partir de qué grado se impartirá la información”.

Pero no es un asunto exclusivo de países sudamericanos. España es el país europeo donde el adoctrinamiento ideológico, afín al gobierno socialista actual, está literalmente usurpando el derecho de los padres a educar a sus hijos e imposibilitando reacciones en contra.

La asignatura de “educación para la ciudadanía” fue aprobada por el parlamento español en 2006, con la velada finalidad de adoctrinar en la ideología socialista (aceptación del aborto, familias multiparentales, el homosexualismo, el uso de preservativos y control natal, desenfrenos sexuales, eutanasia, etc.) a niños en educación primaria y media básica. El hecho supone sustraer a los padres el derecho a que sean ellos mismos quienes eduquen, en el momento que consideren adecuado, en los temas aludidos.

Ejemplos: en enero de 2009 se informaba que en el colegio san Javier de Madrid, una organización no gubernamental partidaria de que el límite de edad para el consentimiento de relaciones homosexuales se sitúe en los 11 años, y favorable al uso de la “píldora del día después” a partir de los 12 años, sin que los padres lo tengan que autorizar, es la encargada de impartir criterios éticos y morales de acuerdo al programa de “educación para la ciudadanía”. Los padres y alumnos han denunciado que el tiempo escolar se dedica a convencer a los alumnos, por ejemplo, en que no existen diferencias entre matrimonios y parejas homosexuales.

Pero España no se ha limitado a imponer ideología a sus ciudadanos dentro del propio país, sino también a los que viven fuera. A inicios de enero de 2009, la Plataforma Portuguesa por la Libertad de Educación denunció que algunos alumnos que habían objetado en un colegio español de Lisboa, el Instituto Español Giner de los Ríos, recibieron presiones a través de una circular que la embajada española en Portugal les hizo llegar. La presión iba encaminada a obligarles a asistir a la clase de “educación para la ciudadanía”.

Más preocupante es, por ejemplo, lo denunciado por el Foro Español de la Familia: el ministerio de educación español está manipulando a niños de 10 y once años recomendándoles ya desde esa edad el coito anal, el sexo oral, la masturbación y los preservativos de sabores (cf. boletín telemático, 03.09.2009). No es todo. El gobierno socialista puso en marcha un website llamado Sexpresan, con contenido multimedia que incita a las relaciones sexuales a tempranísima edad.

“Robin” es también un proyecto del Ministerio de Sanidad del gobierno socialista español, lanzado en enero de 2008. Consiste en un programa-robot que da información sobre el sexo a través del Messenger. La iniciativa apoyada por Microsoft tiene como auditorio de alcance adolescentes de entre 12 y 17 años y responde usando el lenguaje en que preguntan los jóvenes (incluye palabras vulgares) y con gráficos con contenido explícito. En su momento fue ampliamente criticado por suplantar el papel de los padres en el trato de estos temas.

Recientemente, en noviembre de 2009, el ministerio de educación de la comunidad autonómica de Extremadura destinó más de 14.000 euros a una campaña para promover la masturbación entre los adolescentes.

Con el “fin” de “reducir” el elevado embarazo de adolescentes, el gobierno británico de Gordon Brown impulsó en octubre de 2008 una ley que imponía la educación obligatoria de sexo, desde los 5 hasta los 16 años, a través de la asignatura Educación personal, social y de salud. La decisión del gobierno británico contrasta con las encuestas realizadas por la BBC. Según ésta, el 64% de los británicos ve más adecuado que este tipo de “educación” se imparta de los 11 años en adelante, mientras que un 36% no está de acuerdo en que se hable de anticoncepción, al menos hasta los 13 años.

En declaraciones recogidas por ForumLibertas.com (cf. 31.10.2008), el ministro de educación británico Jim Knight afirmó que “La vida moderna es cada vez más compleja y tenemos el deber de dotar a nuestros jóvenes del conocimiento para afrontarla”.

En México, desde junio de 2009, la Secretaría de Salud (ministerio) comenzó a repartir entre los estudiantes de educación básica de todo el país una “cartilla de vacunación” (más de 26 millones) que promueve el uso de métodos abortivos entre niñas y jóvenes, la promiscuidad sexual, además de recomendar el uso de la “píldora del día después”. La particularidad de esta medida es que de no ser adoptada, los niños no pueden reinscribirse al siguiente curso. La cartilla suplanta el derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones.

Meses más tarde, en septiembre de 2009, la Secretaría de Educación de Guanajuato, también en México, anunciaba que retiraría un libro de biología para el curso 2010-2011 que proponía la abstinencia sexual y la fidelidad para prevenir enfermedades de transmisión sexual y que promovía también el matrimonio como espacio para tener hijos. ¿El motivo? Activistas feministas hicieron presión, pese a que los padres de familia no manifestaron oposición.

Qué dice la jurisprudencia

Y ante la imposición gubernamental qué dicen los tribunales. Dos sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo amparan el derecho de los padres para que sus hijos sean educados “conforme a sus convicciones morales y religiosas”.

La primera sentencia es del 29 de junio de 2007 para el caso de unos padres noruegos, miembros de la Asociación Humanista Noruega, que rechazaban la asignatura “cristianismo, religión y filosofía” (caso Folguero contra Noruega). El fallo favorable para estos padres se amparó en el artículo 2 de la Constitución Noruega.

La segunda sentencia es del 9 de octubre de 2007 y fue favorable a unos padres alevitas (rama del islam) contra la asignatura “cultura, religión y ética”, en Turquía (caso Hassan y Eylem Zengin contra Turquía).

Paradójicamente, los Tribunales Superiores de Justicia de comunidades españolas como las de Cataluña, Asturias y Cantabria, no les han dado un amparo similar a los objetores contra la asignatura de “educación para la ciudadanía”, en España.

Llama la atención que Estrasburgo dictamine que unas personas no deben recibir instrucción religiosa –aunque sea sólo historia– aduciendo que no está conforme a las convicciones morales y religiosas de los padres, pero no se respete que una familia no quiera recibir adoctrinamiento socialista alegando ese mismo derecho al que se acogieron en Noruega y Turquía. Actualmente en España hay más de 54.000 objetores a la polémica asignatura.

De dónde vienen las órdenes

Juan Claudio Sanahuja revelaba en Noticias Globales (cf. 01.09.2009) que la UNESCO dio a conocer el 27 de agosto de 2009 la Guía de Educación Sexual para el Empoderamiento de los Jóvenes. En sus 98 páginas, el documento en el que también colaboró la Organización Mundial de la Salud y el Fondo de las Naciones Unidas para la Población, se incita a enseñar a los niños de 5 años la masturbación, por ejemplo.

No es el único documento o medio para imponer determinada ideología acerca de la sexualidad pues, como se ha visto, en diferentes países es cada vez más frecuente la aparición de guías o libros de texto obligatorios para las escuelas, que promueven una enseñanza explícita –y a veces dudosamente pedagógica y sin el consentimiento de los padres de familia– de la sexualidad.

No es sólo un organismo oficial e institucional de Naciones Unidas el que promueve este tipo de adoctrinamientos. El tema de la educación como pretexto para la imposición de ideologías es también una táctica Europea.

El 16 de octubre de 2002, el comité de ministros de la Unión Europea publicó la Recomendación (2012) 12, del Comité de Ministros a los Estados miembros relativa a la educación para la ciudadanía democrática (cf. http://www.coe.int/t/dg4/education/edc/Source/Pdf/Documents/By_Country/Spain/2002_38_Rec2002_12_Es.PDF). En ella se afirma y declara, entre otras cosas, “que la educación para la ciudadanía democrática es esencial para la misión principal del Consejo de Europa” y “que la educación para la ciudadanía democrática abarca toda actividad educativa, formal, no formal o informal, incluida la de la familia” (cf. p. 3), lo que deja ver claramente el robo de derechos y la injerencia en la vida privada de las familias.

Pero todavía queda una pregunta: ¿a qué responden toda esta abundante legislación e iniciativas de corte ideológico? A esta pregunta respondió atinadamente Lourdes Ruano Espina catedrática de derecho eclesiástico del Estado, de la universidad de Salamanca, durante el Congreso “Católicos y Vida Pública”, el 21 de noviembre de 2009: “Transformar la sociedad […] y redefinir al hombre, partiendo de una antropología y una ideología (la llamada ideología o teoría del género) que resultan incompatibles con la antropología cristiana y contrarias a la ley moral”.

Es significativo que los partidos políticos que están promoviendo este tipo de robo a los padres de familia sean mayoritariamente integrantes de la Internacional Socialista (IS), un organismo heredero del marxismo.

Así por ejemplo, en Venezuela, el grupo político “Podemos” es un baluarte de apoyo al Partido Socialista Unido de Venezuela, que es el partido de Hugo Chávez. “Podemos” tiene el estatus de partido consultivo en la IS. El Partido Laborista, del premier británico Gordon Brown, es partido miembro pleno de la IS. Algo que también sucede con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y los mexicanos Partido Revolucionario Institucional (PRI) y Partido de la Revolución Democrática (PRD) (se puede ver el siguiente enlace que refiere, por países, cuáles son integrantes de la IS: http://www.lainternacionalsocialista.org/about.cfm).

Como dice el portal de la Internacional Socialista, su propósito es coordinar las actitudes y actividades políticas de los partidos políticos que son miembros. El objetivo, entonces, es más claro.

Qué hacer

En una entrevista concedida a ForumLibertas.com, el abogado y ex diputado español, Manuel J. Silva, decía –refiriéndose a todas estas usurpaciones de derechos por parte del Estado en la vida de las familias– que se “pretende convertir al padre y a la madre en puros hoteleros de sus hijos” (cf. 09.03.2009).

¿Y qué es la objeción de conciencia? El Catecismo de la Iglesia Católica la define así: es un derecho por el cual “El ciudadano no está obligado en conciencia a seguir las prescripciones de las autoridades civiles si éstas son contrarias a las exigencias del orden moral a los derechos fundamentales de las personas o a las enseñanzas del Evangelio. Las leyes injustas colocan a la persona moralmente recta ante dramáticos problemas de conciencia: cuando son llamados a colaborar en acciones moralmente ilícitas, tienen la obligación de negar. Además de ser un deber moral, este rechazo es también un derecho humano elemental que, precisamente por ser tal, la misma ley civil debe reconocer y proteger: « Quien recurre a la objeción de conciencia debe estar a salvo no sólo de sanciones penales, sino también de cualquier daño en el plano legal, disciplinar, económico y profesional» (n. 399).

Y el Catecismo va más allá cuando nos recuerda que: “Es un grave deber de conciencia no prestar colaboración, ni siquiera formal a aquellas prácticas que, aun siendo admitidas por la legislación civil están en contraste con la ley de Dios. Tal cooperación, en efecto, no puede ser jamás justificada, ni invocando el respeto de la libertad de otros, ni apoyándose en el hecho de que es prevista y requerida por la ley civil. Nadie puede sustraerse jamás a la responsabilidad moral de los actos realizados y sobre esta responsabilidad cada uno será juzgado por Dios mismo (cf. Rm 2,6; 14,12)” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 399).

EL ECUMENISMO RESPONDE AL PLAN ANTI VIDA DE OBAMA


El ecumenismo responde al plan anti vida de Obama
Juan Claudio Sanahuja noticiasglobales.org


El 20 de noviembre se conoció oficialmente la llamada Declaración de Manhattan, firmada por 152 representantes de la Iglesia Católica, de confesiones protestantes y de las Iglesias orientales separadas de Roma.

La declaración, que muestra un frente unido contra las políticas del Presidente Obama contrarias al orden natural, fue calificada como un documento trascendental por diversos motivos: es una manifestación clara de unidad de los cristianos en cuestiones trascendentales; orienta sin dar lugar a dudas la conducta de los fieles cristianos en defensa de la ley natural; y porque avala el “ecumenismo de trinchera”, que es una realidad desde hace años en los Estados Unidos.

Si bien los redactores reconocen que existen “muchas e importantes diferencias de doctrina y de disciplina que aún nos dividen”, sin embargo, como dijo uno de ellos, el evangélico Timothy George, “buscamos con ahínco la unidad por la que Jesús oró cuando pidió que sus discípulos sean uno en su amor”.

Dice la declaración: "Somos cristianos que se han unido a pesar de las diferencias eclesiales para afirmar nuestro derecho y, lo que es más importante, para cumplir con nuestra obligación de hablar y actuar en defensa de estas verdades. Nos comprometemos a ello con nuestros hermanos creyentes. Ningún poder sobre la tierra, ya sea cultural o político, puede intimidarnos y obligarnos al silencio o a la aquiescencia".

En ningún caso vamos a dar al César lo que es de Dios

“Las leyes injustas degradan a los seres humanos y no tienen ningún poder para obligar en conciencia”, concluye el documento. “Porque honramos la justicia y el bien común, no vamos a cumplir ningún edicto que pretenda obligar a nuestras instituciones a participar en abortos, en la investigación destructiva de embriones, en el suicidio asistido y en la eutanasia, ni en cualquier otra ley anti-vida, ni nos someteremos a ninguna norma que pretenda obligarnos a bendecir inmorales parejas sexuales, o a tratarlas como a matrimonios o su equivalente, o que no proclame la verdad sobre la moralidad y la inmoralidad y sobre el matrimonio y la familia. Plenamente y sin retaceos queremos dar al César lo que es del César. Pero en ningún caso vamos a dar al César lo que es de Dios”.

Los miembros del episcopado católico que firmaron la declaración antes del 20 de noviembre, fueron el Cardenal Justin Rigali, Arzobispo de Filadelfia; el Cardenal Adam Maida, Arzobispo emérito de Detroit; Mons. Charles J. Chaput, Arzobispo de Denver; Mons. Timothy Dolan, Arzobispo de New York; Mons. Donald W. Wuerl, Arzobispo de Washington, D.C.; Mons. John J. Myers, Arzobispo de Newark; Mons. John Nienstedt, Arzobispo de Saint Paul y Minneapolis; Mons. Joseph F. Naumann, Arzobispo de Kansas City; Mons. Joseph E. Kurtz, Arzobispo Louisville; Mons. Thomas J. Olmsted, Obispo de Phoenix; Mons. Michael J. Sheridan, Obispo de Colorado Springs; Mons. Salvatore Joseph Cordileone, Obispo de Oakland; Mons. Richard J. Malone, Obispo de Portland; y Mons. David A. Zubik, Obispo de Pittsburgh.

La declaración, dada a conocer el 20 de noviembre con 152 firmas, cuarenta y ocho horas después contaba con más de 21.000 adhesiones y el número sigue aumentando.

La Declaración de Manhattan, consta de tres apartados: vida, matrimonio y libertad religiosa.

Aborto: la infame sentencia

El primer apartado señala, entre otras cosas, que a pesar de que en la opinión pública prevalece la opinión pro-vida, “observamos con tristeza que la ideología pro-aborto prevalece hoy en día en nuestro gobierno. La administración actual está dirigida y compuesta por aquellos que pretenden legalizar el aborto en cualquier etapa del embarazo. (…) Mayorías en ambas cámaras del Congreso sostienen puntos de vista pro-aborto.

El Tribunal Supremo, cuya infame sentencia de 1973, Roe v. Wade, despojó a los no nacidos de protección jurídica, sigue tratando a la elección de abortar como un derecho constitucional fundamental (…).

El Presidente dice que quiere reducir la ‘necesidad’ del aborto, un objetivo loable. Pero también se ha comprometido a hacer el aborto más fácil y ampliamente disponible mediante la eliminación de las leyes que prohíben la financiación de éste por parte del gobierno, los períodos de espera que se exigen a las mujeres que solicitan abortos, y la notificación a los padres para los abortos practicados a las menores. La eliminación de estas importantes y eficaces leyes pro-vida hace suponer razonablemente que aumentará significativamente el número de abortos voluntarios. (…) Nuestro compromiso con la santidad de la vida no es una cuestión de lealtad partidaria, ya que reconocemos que treinta y seis años después de Roe v. Wade, funcionarios electos y nombrados por ambos partidos políticos han sido cómplices en dar la sanción legal a lo que el Papa Juan Pablo II describió como ‘la cultura de la muerte’. Instamos a todos los funcionarios en nuestro país, elegidos y designados, a proteger y servir a todos los miembros de nuestra la sociedad, incluidos los más marginados, los que no tiene voz, y los más vulnerables de entre nosotros”.

“La cultura de la muerte -sigue diciendo la Declaración- inevitablemente, abarata la vida en todas sus etapas”. Así se crean las condiciones para desechar a los “imperfectos”. “El abaratamiento de la vida que comenzó con el aborto ha hecho metástasis. (…) El Presidente y muchos legisladores apoyan la investigación con embriones y quieren financiar con dinero público la ‘clonación terapéutica’”, cuyo resultado será la producción industrial y muerte de millones de embriones humanos, para obtener células madre.

La vida indigna de ser vivida

“En el otro extremo de la vida, un movimiento cada vez más poderoso promueve el suicidio asistido y la eutanasia ‘voluntaria’ amenazando la vida de las personas vulnerables, los ancianos y los discapacitados”. Advierte la declaración que puede resucitar la doctrina de la lebensunwertes Leben (vida indigna de vivir), que contagió a los ambientes intelectuales de América y Europa en la década de 1920 y que se daba por enterrada después de los horrores de mitad del siglo XX. “La única diferencia es que ahora las doctrinas de los eugenistas se visten con el lenguaje de la ‘libertad’, ‘autonomía’ y ‘elección’”. (…)

Concluye este apartado de la Declaración, diciendo: “Nuestra preocupación no se limita a nuestra propia nación. En todo el mundo, somos testigos de casos de genocidio y de ‘limpieza étnica’, de la no asistencia a los que sufren como víctimas inocentes de la guerra, del abandono y el abuso de los niños, de la explotación de trabajadores vulnerables (…)” Estas tragedias, siendo éticamente coherentes hemos de reconocer que “se derivan de la pérdida del sentido de la dignidad de la persona humana y la santidad de la vida humana, lo mismo que está en la raíz de la industria del aborto y de los movimientos que alientan el suicidio asistido, la eutanasia y la clonación humana para la investigación biomédica”.

Sobre el matrimonio

La Declaración de Manhattan afirma que el fundamento natural del matrimonio es la unión de un hombre con una mujer, colaboradores de Dios en la transmisión de la vida y en la educación de los hijos. “El matrimonio entonces, es la primera institución de la sociedad humana, en la cual todas las demás instituciones humanas tienen su fundamento”. El matrimonio es santo por creación de Dios y bendecido por Jesucristo en las bodas de Caná.

La declaración agrega que, cuando la cultura del matrimonio se deteriora, “se manifiestan las patologías sociales de todo tipo (…) Lamentablemente, hemos sido testigos en el transcurso de las últimas décadas de una grave erosión de la cultura del matrimonio. Tal vez el indicador más significativo y preocupante, es el aumento de la tasa de natalidad fuera del matrimonio. Menos de cincuenta años atrás, era de menos del 5 por ciento. Hoy en día es más del 40 por ciento”.

Nos arrepentimos de haber transigido ante la cultura del divorcio

Otro indicador es la “devastadora alta tasa de divorcio (…) Confesamos con tristeza que los cristianos y nuestras instituciones a menudo hemos fallado escandalosamente en la misión de mantener la institución del matrimonio y su verdadero significado. (…) Nos arrepentimos de haber transigido con demasiada facilidad ante la cultura del divorcio y de haber permanecido en silencio acerca de las prácticas sociales que socavan al matrimonio”.

“El movimiento para redefinir el matrimonio, a fin de reconocerlo entre personas del mismo sexo, es un síntoma, pero no es la causa de la erosión de la cultura del matrimonio”. Estas corrientes, reflejan la “pérdida de comprensión del significado del matrimonio tal y como se contempla en nuestra legislación civil y religiosa y en la tradición filosófica que contribuyó a dar forma a la ley.

Sin embargo, es fundamental resistir a este impulso, porque ceder a esto significaría el abandonar la posibilidad de recuperar una sólida cultura de comprensión del matrimonio y, con ella, la esperanza de la reconstrucción de un matrimonio sano”. (…)

“Reconocemos que hay quienes están dispuestos hacia la conducta homosexual y a las relaciones promiscuas, como otros están dispuestos hacia otras formas de conducta inmoral. (…) Hacemos un llamamiento a toda la comunidad cristiana a resistir la inmoralidad sexual, y al mismo tiempo a que se abstengan de la condena de quienes se entregan a ella. Nuestro el rechazo al pecado, aunque firme, nunca debe convertirse en rechazo de los pecadores. Porque cada pecador, independientemente del pecado, es amado por Dios, que no busca nuestra destrucción, sino la conversión de nuestros corazones”.

El cuerpo no es instrumento de deseos: la persona es una unidad de cuerpo y espíritu

La declaración insiste en que no puede haber matrimonio entre personas del mismo sexo por el único motivo de complacer los deseos personales de algunos, porque, en primer lugar, “el matrimonio es posible gracias a la complementariedad sexual del hombre y la mujer” y, como consecuencia, en segundo lugar, porque “el cuerpo no es un simple instrumento extrínseco de la persona humana, sino que es realmente parte de la realidad personal del ser humano. Los seres humanos no se definen sólo por su conciencia o sus emociones, o su mente, o su espíritu, sino que la persona humana es una unidad dinámica de cuerpo, mente y espíritu. Sólo así se puede sellar un compromiso, completado y actualizado por la relación sexual amorosa en la que los cónyuges se hacen una sola carne, no sólo en sentido metafórico, sino también por el cumplimiento de las condiciones de comportamiento orientado al gran fin de la procreación”. (…)

“Por eso, la verdad es que el matrimonio no es algo abstracto o neutral que la ley legítimamente pueden definir y redefinir para complacer a los que son poderosos e influyentes”.

Reconstruir la cultura del auténtico matrimonio

“Nadie tiene el derecho civil a que una relación no matrimonial sea considerada como matrimonio. El matrimonio es una realidad objetiva -el pacto de unión entre marido y mujer- y es deber de la ley, en aras de la justicia y del bien común, reconocerlo y apoyarlo. Si no lo hace, se sigue de ello un auténtico daño social. En primer lugar, se pone en peligro la libertad de conciencia. En segundo lugar, se conculcan los derechos de los padres con los programas de educación sexual en los colegios, a través de los cuales se inculca en los chicos la idea de entender como ‘matrimonio’ a relaciones sexuales que muchos padres consideran intrínsecamente inmorales y no-matrimoniales. En tercer lugar, se daña el bien común de la sociedad, ya que la propia ley, en su función pedagógica, se convierte en instrumento para erosionar el auténtico significado del matrimonio, del cual depende radicalmente el florecimiento social de la cultura del matrimonio. Lamentablemente, en la actualidad estamos lejos de tener una cultura fuerte del matrimonio, pero si tenemos que empezar el proceso -de vital importancia- para reformar nuestras leyes y costumbres y así reconstruir esa cultura, no podemos permitirnos el lujo de redefinir el matrimonio, incorporando en nuestra legislación falsas figuras del mismo”.

Concluyendo su segunda parte, el documento hace un llamado a “trabajar sin descanso para preservar la definición legal del matrimonio como la unión de un hombre y una mujer y para reconstruir la cultura del matrimonio. ¿Cómo podemos, como cristianos, hacer otra cosa? La Biblia nos enseña que el matrimonio es una parte central de la alianza de la creación de Dios. De hecho, la unión de marido y mujer refleja el vínculo entre Cristo y su Iglesia. Y así como Cristo quiere, por amor, darse a sí mismo por la Iglesia en un sacrificio completo, en lo que a nosotros respecta estamos dispuestos a hacer cualquier sacrificio por el bien del inestimable tesoro que es el matrimonio”.

La libertad religiosa: tiranía abortista y pro-gay

Después de introducir el tema de la libertad religiosa y del derecho de cada persona a obrar en conciencia, la Declaración de Manhattan resalta que “es irónico que los que hoy reclaman el derecho a matar a los no nacidos, ancianos y discapacitados”, y requieren que la ley les reconozca su derecho a participar en prácticas sexuales promiscuas e inmorales, “estén en la vanguardia de los que pisotean la libertad de otros a expresar sus convicciones religiosas y morales acerca de la vida y de la dignidad del matrimonio como unión conyugal de marido y mujer”.

“Todo esto lo observamos en el empeño en recortar o eliminar las cláusulas de conciencia para obligar a hacer abortos o derivar para que otros los hagan a las instituciones pro-vida (incluidos los hospitales y clínicas con ideario religioso), y también en algunos casos, para coaccionar a los médicos, los cirujanos, las enfermeras, y otros profesionales de la salud, a realizar o participar en abortos. Lo mismo vemos en el recurso de acudir a los reglamentos antidiscriminatorios para obligar a instituciones religiosas, empresas y proveedores de servicios a realizar actividades que consideran gravemente inmorales o en su defecto cerrar sus puertas”.

“Por ejemplo en Massachusetts, después de la imposición judicial del ‘matrimonio entre personas del mismo sexo’, Catholic Charities debió optar, con gran renuencia, a poner fin a su trabajo de más de un siglo ayudando a colocar a los niños huérfanos en hogares de bien, porque -según los principios morales- no podía obedecer el mandato legal de entregar niños a parejas de homosexuales. En Nueva Jersey, después de la creación de las "uniones civiles" cuasi-maritales, una institución metodista fue despojada de su exención de impuestos cuando se negó, por una cuestión de conciencia religiosa, a que en sus instalaciones se realizaran ceremonias de bendición de uniones homosexuales. En Canadá y en algunos países europeos, clérigos cristianos han sido perseguidos por predicar la doctrina bíblica en contra de la práctica de la homosexualidad. Las nuevas leyes sobre el delito de odio en los Estados Unidos hacen aparecer el espectro de la misma situación en este país”.

La Declaración destaca que así, en las últimas décadas, creció la falta de respeto a los valores religiosos en los medios de comunicación, en ambientes académicos y políticos, avalada por una jurisprudencia espuria que restringe el derecho a la libertad religiosa. Este hecho ominoso amenaza también la cultura de la libertad, propia de los Estados Unidos. “Las restricciones a la libertad de la conciencia o de la capacidad de las instituciones para contratar a personas de la propia fe o con las mismas convicciones morales y religiosas, por ejemplo, quebrantan la viabilidad de las estructuras intermedias de la sociedad, que son la salvaguarda esencial contra la autoridad arrogante del Estado, y anuncian la desintegración de la sociedad civil, preludio de la tiranía del despotismo blando”, anunciada por Tocqueville.

“Como cristianos, debemos tomar en serio la admonición bíblica de respetar y obedecer a las autoridades. (…) Reconocemos la obligación de cumplir con las leyes si nos gustan o no nos gustan, a menos que las leyes sean gravemente injustas, u obliguen a hacer algo injusto o inmoral (…) como mandan las leyes que socavan el bien común, en lugar de servirlo”.

La Declaración remite al pasaje de los Hechos de los Apóstoles 4, cuando Pedro y Juan recibieron la orden del Sanedrín de los judíos de dejar de predicar en el nombre de Jesús, “su respuesta fue: ‘Juzgad en la presencia de Dios si es justo obedeceros a vosotros antes que a Dios. Porque no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído’. A través de los siglos, el cristianismo ha enseñado que la desobediencia civil no sólo está permitida, sino que a veces es necesaria. (…) Las leyes injustas degradan a los seres humanos y no tienen ningún poder para obligar en conciencia”, concluye el documento.

“Porque honramos la justicia y el bien común, no vamos a cumplir ningún edicto que pretenda obligar a nuestras instituciones a participar en abortos, en la investigación destructiva de embriones, en el suicidio asistido o en la eutanasia, ni en cualquier otra ley anti-vida, ni nos someteremos a ninguna norma que pretenda obligarnos a bendecir inmorales parejas sexuales, o a tratarlas como a matrimonios o su equivalente, o que no proclame la verdad sobre la moralidad y la inmoralidad y sobre el matrimonio y la familia. Plenamente y sin retaceos queremos dar al César lo que es del César. Pero en ningún caso vamos a dar al César lo que es de Dios”.

REACCIONES ANTE LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL DE ESTRASBURGO



Reacciones ante la polémica sentencia del tribunal de Estrasburgo
Diego Contreras laiglesiaenlaprensa.com


Colocar un crucifijo en la pared de un aula se opone a la libertad religiosa y a la libertad de educación, según afirma una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, de Estrasburgo. Los siete jueces llegaron a esa conclusión por unanimidad, en respuesta al recurso de una familia italiana que, en años anteriores, vio cómo dos tribunales del país no acogían su petición de suprimir el crucifijo de las aulas del instituto de sus hijos.

Aunque las polémicas sobre este tema no son nuevas en Italia, esta vez la reacción ha sido de mayor envergadura, tanto por el contenido como por la dimensión europea del caso. Las respuestas se han caracterizado por el rechazo transversal y casi unánime de la sentencia, que ha sido interpretada –en buena medida– como un intento del aparato burocrático europeo por imponer una determinada visión de la laicidad sin tener en cuenta el verdadero sentir de los pueblos.

El del pueblo italiano se refleja en un sondeo realizado por ISPO con una muestra representativa de la población nacional. La gran mayoría de los encuestados, el 84%, se declaran favorables a la presencia del crucifijo en las escuelas públicas; el 14% sostiene la opinión contraria (margen de error: 3,5%). Es significativo que quienes quieren crucifijos en las aulas sean también mayoría, 68%, entre los que no van nunca a misa.

El Tribunal de Estrasburgo no depende de la Unión Europea, sino del Consejo de Europa, organismo integrado por los 47 países (entre los que figuran Turquía y Rusia) que han firmado el Convenio Europeo de Derechos Humanos (1950). No juzga, por tanto, según la legislación de la UE, que en este campo es inexistente, sino por la convención y sus protocolos adicionales. Hay que subrayar, en todo caso, que se trata de una sentencia provisional, contra la que el gobierno italiano presentará recurso en los próximos días.

La pared vacía

El tribunal ha condenado a Italia porque, según los jueces, los Estados deben “observar la neutralidad confesional en el ámbito de la educación pública”. La exposición “de un símbolo de una determinada confesión en lugares que son utilizados por la autoridades públicas, y especialmente en clase, limita el derecho de los padres a educar a sus hijos conforme con sus propias convicciones y el derecho de los niños a creer o no creer”. El tribunal no acepta la objeción de que, desde hace ya mucho tiempo, el crucifijo en Italia y en Europa no es solo un signo religioso, sino humano y cultural, tal y como es percibido también por los ciudadanos que no profesan la fe cristiana. La sentencia del tribunal, sin embargo, no otorga ningún valor a la tradición de los países.

Uno de los puntos más criticados de la sentencia es precisamente la idea de laicidad que contiene: una visión que es fruto de unas determinadas coordenadas ideológicas, y que no es compartida por buena parte de la población. El tribunal, en efecto, considera la laicidad como neutralidad ante los valores, como supresión de las religiones de la esfera pública. Es una pretendida laicidad que se acaba convirtiendo, a su vez, en una especie de religión impuesta.

Como han escrito algunos comentaristas, mantener la “pared vacía”, según pretende con frío formalismo la sentencia, implica desconocer la vida real, el hecho de que las personas forman parte de una historia, de una sociedad y de una cultura. Y en el caso concreto italiano y europeo, desconocer el papel del cristianismo en esos ámbitos. Europa, como recordó hace años el socialista Giuliano Amato, es un lugar donde hay una cruz cada cien pasos, desde Grecia hasta Suecia (que la tienen incluso en sus banderas). Afirmar la laicidad de las instituciones es algo muy distinto a negar el papel del cristianismo en la sociedad.

Son numerosos los articulistas que han señalado en estos días que la laicidad no consiste en esa “neutralidad homologadora”, en multiplicar prohibiciones o en eliminar valores en nombre de la igualdad, sino en garantizar la compatibilidad –en el ámbito público– de las diversas manifestaciones religiosas que no supongan un peligro para la sociedad. Esa visión de “laicidad positiva” es la que está presente en la Constitución italiana.

En una temporada caracterizada por la polémica y el enfrentamiento en la vida política italiana, la sentencia ha tenido el efecto de aunar los puntos de vista de unos y otros. Incluso las pocas voces que han alabado el planteamiento jurídico de la sentencia reconocen que el crucifijo no molesta a nadie. En este sentido, ha sido significativo saber que el matrimonio que ha promovido la causa (y que de ganarla recibiría 5.000 euros como indemnización, según la sentencia) es miembro activo de la “Unión de los ateos y de los agnósticos racionalistas”, una pequeña asociación italiana que ha patrocinado la demanda y que ha saludado la sentencia como un triunfo. El episodio forma parte de una batalla política y cultural.

LA PÍLDORA DEL DÍA DESPUES Y SUS RIEGOS PARA LA SALUD

La píldora del día después y sus riesgos para la salud
David del Fresno daviddft@ono.com


Las conclusiones de este análisis están basadas en la imparcialidad que nos proporcionan las evidencias documentales que hemos logrado recabar. Este artículo pretende poner en conocimiento de la opinión pública algunas realidades que merecen ser tenidas muy en cuenta a la hora de conocer las causas y valorar las consecuencias de la liberalización del consumo de la Píldora del Día Después.

Sus riesgos para la salud

En lo que respecta a los riesgos que conlleva el consumo de esta píldora, su libre difusión constituye a nuestro juicio un grave error sanitario.

En primer lugar, porque no se exigirán controles clínicos previos ni posteriores a su ingesta. Si los fabricantes dejan bien claro en el prospecto los casos en que está contraindicada, pero nadie se preocupa de verificar que no se den esos casos, el resultado puede ser imprevisible.

En segundo lugar, porque, ante los problemas de salud que pueda ocasionar y que den como resultado un desenlace fatal, la muerte de la mujer quedará absolutamente impune debido a que, aunque sea menor de edad, esta disposición administrativa hará recaer exclusivamente sobre la consumidora toda responsabilidad ante cualesquiera consecuencias derivadas de su ingesta.

Nosotros ahora planteamos las siguientes preguntas: ¿qué es potencialmente peor para una niña de 15 años: ¿Ingerir un vaso de vino, o ingerir la PDD?

¿Es coherente querer prohibirle el acceso al alcohol y al tabaco a una niña de 15 años, en aras de proteger su salud... y darle toda facilidad para ingerir un coctel hormonal en cuyo prospecto los fabricantes indican -por si acaso ocurre “algo”- que “no están suficientemente comprobados sus efectos secundarios en menores de edad”? ¿Es coherente querer prohibirle el acceso al alcohol y al tabaco en aras de proteger su salud... y darle toda facilidad para ingerir un coctel hormonal en cuyo embalaje los fabricantes indican –por si pasa “algo”- la conveniencia de “mantener alejado de los niños”? (cfr.: Radio Intercontinental. Programa “La Quinta Columna”. Miércoles 14 de Mayo de 2009).

Sin embargo, los promotores de la PDD tratan de minimizar los riesgos de su ingesta con declaraciones como las siguientes: “Mientras que los regímenes de aborto médico son administrados bajo la supervisión de proveedores/as de servicios de salud, el uso de Píldoras Anticonceptivas de Emergencia (PAE) no requiere examen médico previo. Las mujeres pueden determinar su necesidad de uso de PAE y administrárselas a sí mismas sin riesgo” (Consorcio Internacional para la Contracepción de Emergencia: “Anticoncepción de Emergencia y Aborto Médico”. 28 de Febrero de 2006)

Pero afortunadamente los científicos lo tienen claro: “Se puede sugerir que no sería necesario informar a las mujeres sobre la posibilidad de que un método de planificación familiar actúe después de la fecundación si dicha posibilidad es muy remota o si no se ha determinado con exactitud la frecuencia con la que actúa de esa manera. Sin embargo, en la práctica del consentimiento informado es imprescindible comentar con el paciente aquellos riesgos o efectos secundarios que aun siendo poco frecuentes, pueden ser importantes para él. Por ejemplo, aunque el riesgo de muerte por anestesia es muy bajo, se considera que debe de informarse sobre él, dada la importancia que tiene para el paciente. De igual manera, el riesgo de que un método de planificación familiar provoque la muerte de un embrión, aunque sea bajo, puede resultar importante para algunas personas, y especialmente para aquellas que opinan que la vida comienza en la fecundación” (Dra. Cristina López del Burgo, Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universidad de Navarra).

“Los efectos secundarios más comunes son las nauseas, las cuales ocurren en un 50% de los casos, y los vómitos, que ocurren en un 25% de los casos. Otros efectos secundarios incluyen el dolor de cabeza, la inflamación de los senos, la fatiga, el dolor abdominal y el vértigo” (Dra. Theresa Menart, Departamento de Obstetricia y Ginecología, Hospital Huber Heights, Ohio).

Fuentes Consultadas:

Angela Aparisi y José López Guzmán: “La Píldora del Día Siguiente” (Madrid. Editorial Sekotia. Año 2002)

Asociación Médica Argentina de Anticoncepción (AMADA): “Anticoncepción de Emergencia” (Buenos Aires. Septiembre de 2008)

Chris Kahlenborn: “Postfertilization effect of hormonal emergency contraception”. (“Annuals of Pharmacotherapy”. Volumen 36. Año 2002. Páginas 465-70)

Consorcio de Médicos de Buenos Aires: “Declaración sobre el reparto de la PDD” (Buenos Aires. 13 de Marzo de 2007)

Cristina López del Burgo: “Píldora del Día Después: Conceptos Clave” (Ponencia presentada en el congreso multidisciplinar “Mujer y realidad del aborto”, celebrado en Cáceres, del 8 al 10 de marzo de 2007.)

David del Fresno: “El Imperio de la Muerte” (Madrid. Ed. Sekotia. 2008)

Justo Aznar: “Cómo funciona la Píldora del Día Siguiente” (Ediciones Palabra. Revista “Hacer familia”. Número 104.)

Management Sciences for Health: “International Drug Price Indicator Guide 2006”. Arlington, USA. ISBN 0-913723

Natalia López Moratalla: “Los quince primeros días de una vida humana.” (Pamplona. EUNSA. Año 2004)

Organización Mundial de la Salud: “Aborto sin riesgos: Guía técnica y de programas de salud” (Ginebra. 2003)

Organización Mundial de la Salud: “Anticoncepción de emergencia: Guía para la prestación de servicios” (Ginebra. 1999)
Theresa Menart: “La Pildora del Día Después” (Ohio. Ediciones OMSoul. Año 2003)

martes, octubre 27, 2009

AMËRICA


América


Jorge Enrique Mújica jem@arcol.org




No es poco decir que la multitudinaria manifestación del 17 de octubre de 2009 en la capital española, tiene también sus repercusiones en América, especialmente en la América latina donde el movimiento pro vida cada vez se va coordinando y afianzando mejor.



El impacto de la “marea” humana que llenó Madrid el sábado pasado ofreció al mundo entero un testimonio auténtico de trabajo desinteresado por los no nacidos y por la mujer. Especialmente destacable el discurso profundamente feminista que, como tal, ponderaba la necesidad de una verdadera ayuda a la mujer: ayuda que pasa por acompañarla cuando se enfrenta a un embarazo imprevisto y que no la deshumaniza y degrada al convertirla en asesina de su propio hijo; un discurso feminista que no ve en legislaciones abortistas una salida para que el Estado se libre dejando a la mujer sola y abandonada, aparentando darle “solución” a su “problema”.



Cómo no resaltar los rostros numerosísimos de niños y jóvenes que en la flor de la mocedad proclamaban su “sí” al derecho a la vida de todo ser humano, manifestando con ello su novel compromiso con las generaciones presentes y futuras. Sus caras contrastaban con esos rostros añejos de mujeres que no conocen la belleza de un hijo que dice “mamá” y les besa las mejillas con cariño; de esas mujeres que en diminutas concentraciones gritan “su derecho” a decidir sobre su cuerpo –extirpando, paradójicamente, la vida de un cuerpo ajeno– y vociferan proclamas incendiarias que además de hacernos ver qué poco saben del amor, producen tristeza. Lamentablemente, esas mujeres no se dan cuenta de que además de abortar una vida son instrumentalizadas por la ideología imperante que sólo busca arañar unos votos e hinchar unas cuentas de banco.



Llamativo el respeto y el orden con que se llevó a cabo la manifestación. Un hecho que, si se comparara, dice mucho respecto a esas otras manifestaciones laicistas donde se ataca la fe y convicciones de las personas que piensan distinto, ridiculizándolas o vejándolas.



Impresionante que hayan sido los laicos, muchos de ellos, la mayoría de hecho, católicos –aunque no sólo–, quienes hayan impulsado con no poco esfuerzo y sacrificio esta fiesta a la vida y a la maternidad. Cómo no ver en ello un motivo de gratitud y de reconocimiento al recordar todo lo que los laicos pueden y están llamados a aportar de modo particularísimo en la vida pública, con eventos como éste. Su labor nos recuerda a los consagrados que debemos estar detrás de ellos haciéndoles sentir cercana y siempre nueva la presencia de Cristo buen pastor y padre bondadoso, además de animarlos siempre.



Muy buena impresión, por último, el modo como resaltaron el papel y responsabilidad del hombre en la protección de la vida, de esa vida que él también contribuyó a suscitar. Una conciencia que todavía debemos seguir destacando y que discrepa de la actitud de todos esos otros varones pro aborto que nos hace pensar en que más que la convicción pro abortista, está el recurso a una salida fácil para la irresponsabilidad y para dejar sola a la mujer.



No cabe duda de que cada uno de estos puntos servirá de modelo, aliento e impulso para el movimiento pro vida en Latinoamérica.



En mi comunidad religiosa, cada vez que sale a colación el tema del aborto, uno de mis compañeros se apresura a “profetizar” que en el futuro las generaciones verán con espanto el holocausto de los niños asesinados en el vientre de sus madres. Lo dice siempre. Con una esperanza que cada día se convierte en convicción confiada. Lo que sucedió en Madrid el 17 de octubre de 2009 no es sino el comienzo de esta realidad.

martes, agosto 25, 2009

domingo, junio 28, 2009

BIENVENIDO A CASA

Bienvenido a la Iglesia católica:

La verdad es que no hace falta comentarios, con verlo es suficientemente esclarecedor.

viernes, junio 26, 2009

S. Josemaría en imágenes







S. Josemaría

Hoy hemos celebrado la primera Misa en honor a S. Josemaría en la nueva Parroquia de Madrid.

Como se puede apreciar, estába hasta la bandera de gente.

Muchas familias enteras con abuelos, padres y niños.

miércoles, junio 10, 2009

DE CURAS , CELIBATO Y OTRAS REFLEXIONES


De curas, celibato y otras reflexiones
Julieta Mújica Villegas
equipogama@arcol.org


Fue hace tres años, a la salida de un cine ubicado en el centro de una mega plaza comercial. Estábamos tomando un refresco cuando pasó por ahí: era joven, de buen porte y, evidentemente, se trataba de un novel sacerdote o de un seminarista. Cuando pasó cerca de nosotras una de mis amigas dijo en voz alta: “¡qué desperdicio!”. Él se detuvo, viró con parsimonia, semblante tranquilo, y con voz pausada, clara y masculina dijo: “Desperdicios como yo somos llamados por Dios para tratar de salvar a desperdicios como tú”.

En los últimos meses han salido a la luz diversos casos de sacerdotes, e incluso de algún obispo, que fallaron a su promesa o voto de celibato. Más allá del morbo que suscitan todos estos sucesos y que suelen ser objeto de venta por parte de algunos medios de comunicación, y de consumo por parte de muchas personas, está una reflexión más profunda. Digo ya desde ahora que no justifico en ningún caso las acciones, pero me queda claro que tampoco puedo constituirme en juez de nadie, menos después de haber reflexionado un poco más en algunos puntos que no pueden pasar desapercibidos.

El primer punto es relativo al qué hago yo cómo católica por los ministros de Dios. Conozco a no pocas personas que atacan y critican los casos que objetiva o falsamente van saliendo a la luz, incluso siendo creyentes, pero ¿acaso rezamos y nos sacrificamos por ellos?

Es verdad que tanto sacerdotes como religiosas son o deben ser conscientes de la radicalidad de su llamado y de las exigencias que éste mismo implica, pero esta consciencia no nos exime de estar más al pendiente de qué necesitan nuestro sacerdotes y religiosos, no nada más materialmente, si bien ya es buen comienzo.

Una palabra de aliento, estar disponibles para escucharles, ayudarles, atenderles… en definitiva vivir la fe, que es también un hondo sentido de familia, debería ser una constante. Su ministerio pastoral es costoso y las más de las veces no vemos todos los sacrificios humanos que se esconden detrás del apostolado de cada una de las personas consagradas.

Otro punto es referente al trato. A veces me llama la atención que las mujeres jóvenes deseen confesarse con los curas jóvenes como si el perdón dependiese de la juventud del confesor. Quizá por prudencia y en un afán de ayuda a través de su consejo, debería ser más habitual acudir a sacerdotes experimentados al momento de tratar o pedir confesión en temas tocantes al sexto y noveno mandamiento, especialmente.

También me impacta la manera como a veces podemos ir vestidas las mujeres ya no solo a ese Sacramento (escotes de pecho y falda, pantalones entallados, etc.). En este contexto, las mujeres respecto a los hombres consagrados, y los hombres respecto a las mujeres consagradas, deberíamos saber presentarnos decentemente delante de ellos. Sí, son parte de nuestra familia en la fe pero no hay que comportarse con familiaridad con ellos: tocarles en todo momento, abrazarles a la primera ocasión, desvivirse en halagos que, además de que pueden ser adulaciones falsas, salen sobrando… El sentido de familia y la familiaridad son dos cosas diversas.

Durante las últimas semanas también me ha venido insistentemente a la mente una pregunta: ¿en quién tengo puesta mi fe? Y está claro: ante todo mi fe está puesta en Cristo. Por tanto el fallo de un sacerdote –o de millones de ellos, si se diera el caso– no debe mermar mi fe en Dios que no falla, y en su Iglesia, medio de salvación. Mi fe no está en el ministro sino en Cristo mismo. Un sacerdote podrá fallar porque puede elegir libremente el mal, pero Dios nunca falla. Me queda claro que a pesar del ministro, Dios actúa. Y esto es una muestra más del milagro y del misterio de la fe: Dios nos puede hacer llegar su gracia a través de cañerías sucias porque nos ama.

No tengo en reparo en decir que besaría las manos de todos los sacerdotes del mundo, también de los indignos; no porque ellos lo merezcan sino porque son las manos que han bajado a Dios a la tierra y un día fueron ungidas con el óleo que los configuró sustancialmente con Cristo.

Vivimos en un tiempo donde la sexualidad ha sido banalizada. Lo erótico se ha convertido en objeto de consumo y más se vende en tanto cuanto esté menos cobijada le persona que exhibe.

La publicidad en la televisión, en las revistas, en los periódicos, en los anuncios espectaculares al lado de las autopistas y carreteras; las canciones, los programas y series de televisión, las películas… todo parece querer llevar en una sola dirección. Y es obvio que un alma consagrada no va con los ojos vendados por el mundo. También es víctima de ese ambiente pero nosotros podemos ayudarlo. ¿Cómo? Cuántos correos electrónicos de dudosa reputación podemos evitarles (o también los que sólo le pueden quitar el tiempo); cuántos regalos verdaderamente útiles de acuerdo a su condición de célibes; cuánta motivación de nuestra parte para espantarle “las moscas que merodean la miel”; ¡hay que seguir suscitando el amor a nuestros sacerdotes y monjitas! ¡Apoyemos la vocación de quienes Dios quiere llamar en nuestros hogares! Este año sacerdotal que comenzaremos el próximo día 19 de junio, por iniciativa del Papa Benedicto XVI, es un medio más para revalorar la figura sacerdotal.

No creo que la abolición del celibato sea la medida correcta ante los hechos que hemos ido conociendo y que, quizá en un futuro, se seguirán sucediendo. Y no lo creo porque la fe suele ir contra corriente, la fe no está para adaptarse a lo trivial y novedoso, la fe no es fruto de la democracia. Me parece que la Iglesia ya está haciendo mucho al recordar constantemente cuáles son las motivaciones que debe haber en el candidato al sacerdocio, lo que muchas veces vale también para todas las almas consagradas.

No se me hace justo que precisamente los que hablen contra la castidad consagrada sean precisamente los que han fallado en ese compromiso que un día hicieron consciente y libremente esas personas. ¿Y los testimonios de tantos otros que viven sus compromisos de amor con Dios, por qué no salen a la luz con tanta insistencia como los de los absentistas? Sí, todo podría ir a la deriva de lo facilón y lo más práctico. Pero si a facilidad y practicidad nos sujetásemos, quizá la ascesis cristiana no tendría ningún sentido así como las virtudes que se nos recomiendan vivir en este credo.

Cuando en el centro comercial aquel joven sacerdote –¿o seminarista?– respondió de esa manera a mi amiga, comprendí que ese hombre amaba su vocación y tenía clara la misión que Dios le había confiado y él aceptó realizar. Desde entonces he caído en la cuenta que mi misión como católica es también la de apoyar esa misión que, en definitiva, también es la todos los que creemos en Cristo.

sábado, junio 06, 2009

LIMPIOS DE CORAZÓN



TEXTO SACADO DE PARA SER CRISTIANO
Limpios de corazón para ver a Dios

El aspecto central de la cuestión es el amor. Donde hay un auténtico amor, se obtienen las fuerzas necesarias para vivir ordenadamente la sexualidad. En un precioso documento sobre el celibato sacerdotal, Pablo VI decía: "el amor cuando es auténtico es total, exclusivo, estable y perenne, estímulo irresistible para todos los heroísmos". Cuando el amor es grande, limpio y generoso, cuenta con la energía necesaria para combatir los deseos más bajos, que siempre son mezquinos y egoístas, y para darles su debido cauce.

Por amor de Dios, se puede llegar incluso a ofrecer todas las satisfacciones de la vida matrimonial y del ejercicio de la sexualidad. Así lo explicó el señor a sus discípulos (Mt 19, 10-12) y lo vivió la Iglesia desde el principio. Jesucristo fue célibe y también lo fueron San Juan y San Pablo, y muy probablemente otros apóstoles.

San Pablo nos cuenta: "mi deseo sería que todos los hombres fueran como yo, más cada cual tiene su gracia particular; unos de una manera y otros de otra. No obstante, digo a los no casados y a las viudas, bien les está quedarse como yo" (1 Cor 7, 7-8). Y explica que así pueden dedicarse más fácilmente a las cosas de Dios (1 Cor 7, 32-35). De hecho, en la Iglesia han existido, desde el principio, personas que han querido vivir célibes, imitando así a Jesucristo y dedicando sus energías al servicio de la Iglesia. Muy pronto se empezó a elegir de entre éstos a los Obispos y más tarde a los sacerdotes, hasta que esa costumbre se fue extendiendo por toda la Iglesia latina. Todo el mundo entiende que, además de muchas razones de dedicación y eficacia, el celibato apostólico (la entrega total a Dios en este punto) es uno de los testimonios más fuertes de la riqueza moral de la Iglesia, y un índice del altísimo concepto que la Iglesia tiene de lo que es el amor de Dios.
Esto no obsta, sin embargo, a que tanto el matrimonio, como la sexualidad que se vive en él, sean considerados como algo bueno y santo. En el matrimonio y ordenado por su propia naturaleza a la procreación, el placer sexual es algo bueno, como lo es el placer que produce la comida o el descanso. Son cosas queridas por Dios. Para que sea honesto basta con que el acto sexual se realice según su naturaleza, abierto a la vida, sin que se le prive artificialmente de su efecto (procreación), ni se desarrolle voluntariamente de manera anómala. En cambio, fuera del ámbito del matrimonio, la búsqueda del placer sexual es gravemente inmoral.

En el ambiente que nos rodea, ésto puede resultar a veces difícil de vivir. Incluso pueden producirse, por debilidad, desórdenes prácticos en la conducta. Habrá que reconocerlos y arrepentirse de ellos delante de Dios (en la confesión). Y sacar experiencia para evitar que se repitan. Lo importante es reconocerlos y aprender a luchar con energía también en esto. "Todos sabemos por experiencia -se lee en Camino- que podemos ser castos viviendo vigilantes, frecuentando los Sacramentos y apagando los primeros chispazos de la pasión sin dejar que tome cuerpo la hoguera" (n. 124).

Si tenemos un poco de cuidado en lo que entra por los ojos, lo que leemos, lo que vemos en la televisión, lo que se nos muestra por la calle, controlaremos uno de los resortes más importantes de la intimidad y seremos más libres, pues impondremos a nuestra conducta, el orden que voluntariamente queremos.
Hay que dar importancia a estos detalles, pues los efectos de los descuidos son grandes. No nos sintamos nunca por encima de estas pasiones que forman parte de nuestra naturaleza caída. Mientras seamos personas normales, las tendremos encima, y si no las controlamos, acabarán manifestándose en una conducta desordenada.
Hay que sujetar la curiosidad y purificar los pensamientos y deseos. El Señor advierte que "quien mira a una mujer deseándola ya adulteró con ella en el corazón" (Mt 5,27).

Y este cuidado no sólo hay que tenerlo con las manifestaciones más aparatosas del instinto sexual, a veces hay que vivirlo con las más sutiles.
Ya hemos visto que hombre y mujer sienten una mutua atracción natural, que se inclina a convertirse en un trato afectivo y, a través de él, finalmente en una relación sexual.
Este proceso no es necesario, pero existe cierta tendencia natural. No nos puede pillar de sorpresa que, al tratar habitualmente a una persona de otro sexo, sobre todo cuando es joven, empecemos a sentir hacia ella sentimientos que no son los de la simple amistad. Es la experiencia del enamoramiento, del "flechazo", que es una realidad llena de belleza y querida por Dios para la mayoría de los hombres, como camino normal hacia la amistad conyugal. Sin embargo, cuando ya hemos entregado estas posibilidades de afecto a Dios o a otra persona, hemos de saber controlar estos resortes de nuestra intimidad.
Cuando una persona, que ya ha entregado sus capacidades de amar, nota inclinaciones fuertes en su corazón hacia otra, y ve que tiende a considerarla de una manera romántica, fijándose en los muchos encantos que tiene, y siente deseos de tratarla más y con más frecuencia que a los demás y de confiarle su intimidad, tiene que saber que se está enamorando. En este caso, si quiere ser leal a los compromisos libremente adquiridos, tendrá que poner inteligentemente los medios para cortar ese proceso natural. Convendrá que no la trate tanto, que cree alguna distancia, que procure no pensar en esa persona, que ahonde más en sus otros amores. En esas circunstancias, aparentemente inofensivas, se juega muchas veces, la propia felicidad y la de los que le rodean.
Hay que controlar los afectos del corazón y encauzarlos, y no ser ingenuos ni irresponsables.
Si dejamos que los procesos afectivos se desencadenen, suele resultar muy difícil volverlos a su cauce y causan muchos daños.

En general, esta virtud está estrechamente unida a las demás; por eso, cualquier avance en otras virtudes (dominar la pereza, ser más sobrio, exigirse en el trabajo, etc.), repercute en ésta y al revés.
De una manera especial, la humildad ayuda a vivirla bien; mientras que su vicio contrario (la soberbia) suele arrastrar también desórdenes en este punto. Como reza un viejo refrán ascético: "soberbia oculta, lujuria manifiesta".
La humildad ayuda, además, a rectificar los errores y a ser sincero con uno mismo, reconociendo lo que puede haber de complicidad en algunos casos; y con el confesor o director espiritual, a quien se deben manifestar las dificultades que se experimentan en esta materia, como en las demás, a pesar de que siempre avergüenzan un poco.
Estos medios y una auténtica devoción a la Virgen (pues nosotros sólos no contamos con suficientes energías), llevan a vivir bien esta virtud.

La castidad (también llamada por la tradición cristiana, pureza) da a los hombres una gran capacidad de amar; los hace recios y gratos a los ojos de Dios. "Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os alejéis de la fornicación, que cada uno de vosotros sepa poseer su cuerpo con santidad y honor, y no dominado por la pasión, como hacen los gentiles, que no conocen a Dios" (1 Tes 4, 3-5). Si procuramos vivir así, experimentaremos la verdad de esta promesa del Señor: "Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt 5,8).

miércoles, junio 03, 2009

PAISAJES DE UNA CIUDAD


Los paisajes de una ciudad
Miguel Aranguren
file://www.miguelaranguren.com/


Una misma ciudad tiene distintos paisajes, dependiendo del lugar desde donde se contemple. En Madrid, que es la mía, han levantado cuatro torres de arquitectura vanguardista que han cambiado, de sopetón, la línea más o menos horizontal de la urbe. Desde el norte, la capital de España parece atada a esos cuatro nuevos mástiles, que con una tensión que a veces cubren las nubes parecen dirigir el rumbo de sus más de cuatro millones de habitantes.

A veces bastan cuatro detalles, cuatro rascacielos, para que una ciudad que era conocida más por el tipismo de su buen vivir, comience a competir con esas metrópolis que parecen diseñadas para una nueva edición de Blade Runner. Y no sé si casa tomarse unas tapas -el divino aperitivo- con trabajar en la planta ochenta y ocho, a más de trescientos metros de distancia del suelo y subiendo, de un edificio que parece un bucle que cae desde el firmamento. Además, una vez arriba, el paisaje confunde, porque acostumbrados a mirar desde el asfalto tenemos que aprender a ubicar los lugares desde el mismo lugar donde los ángeles nos vigilan.

En Nueva York, metrópoli en la que la arquitectura del rascacielos es la idiosincrasia propia de Manhatan desde los años veinte de la pasada centuria, da gusto trepar hasta lo alto de la antena del edificio Chrysler y asomarse al vacío con el pálpito del mismo King Kong. Desde la picota se domina con perfección milimétrica el diseño de las avenidas que bajan hacia el sur de la isla y las que están trazadas hacia los puentes que la unen al continente. Además, casi a golpe de mano, te rodean los miles de ventanales de otros rascacielos históricos que esconden su belleza retro a los viandantes para reservársela a los helicópteros, los alpinistas, los gorilas gigantes del celuloide y los turistas curiosos.

En Madrid, sin embargo, la sensación es bien distinta: al norte, los encinares y la sierra azul que tan bien plasmara Berruguete en sus lienzos. Al noreste, los polígonos industriales que rozan los barrios de lujo y los PAU (¡horrible acrónimo!) que suenan a chicharra y desguace (San Chinarro, Las Tablas…). Al Sur, el paseo de la Castellana como única arteria por la que bajan las venas de una ciudad que, hasta hace bien poco, fue un pueblo grande, una localidad de barrios y verbenas cuyos vecinos chuleaban con rutilancia castiza a los del barrio de al lado. Lavapiés, Latina, Tetuán de las Victorias, Chamberí, Hortaleza, Centro, Guindalera, Vallecas…, parecen bien lejanos a Soho, Tribeca, Chinatown, Little Italy…, por más que nos caiga en suerte o en desgracia un alcalde empeñado en convertir capital tan manchega en un queso gruyere internacional, castigando a sus sufridos ciudadanos a una sucesión interminable de obras faraónicas que nunca acaban antes de tres o cuatro años.

Pero empezaba este artículo explicando que una ciudad tiene distintos paisajes, dependiendo del lugar desde el que se contemple. No es lo mismo vivir Madrid entre los andamios, las excavadoras, los martillos hidráulicos y los operarios que han tomado la calle Serrano -llevando a la ruina a las principales tiendas de la capital- que padecerla en el interior de un automóvil o disfrutarla sobre una moto o el sillín de una bicicleta. Madrid, por continuar con mi ejemplo, es una ciudad agradable para pasear a lo largo y ancho de sus pulmones verdes –el parque del Retiro, el del Oeste, la Casa de Campo…-, incluso una ciudad maravillosa cuando se pisa el mármol de sus mejores museos. Todo depende de la altura de miras, de la posibilidad de nuestro tiempo, de las inquietudes que manejan nuestra curiosidad.

ABORTOS, DIÁLOGOS INÚTILES


Abortos, diálogos inútiles
Alejo Fernández Pérez
Alejo1926@gmail.com


Busco en Internet, en Google y en español la palabra “Aborto” y en 0,36 segundos aparecen hasta 9.000.000 de escritos, sin utilizar los nombres correspondientes a cada idioma. ¿Por qué este interés y esta pasión?

En el año 1978 nuestro filósofo Julián Marías escribía: “me parece que la aceptación social del aborto es, sin excepción, lo más grave que ha acontecido en este siglo.” Más grave que la suma de todas las guerras, revoluciones y muertes habidas durante el siglo XX.

Jamás en la historia de la humanidad ningún pueblo, civilización o raza ha fomentado o legislado a favor de los abortos. Siempre se ha considerado un crimen y como tal tratado. Por supuesto siempre ha existido, pero como existe el robo, el asesinato, el engaño, la prostitución y otras lacras sociales, combatidas en todos los casos por la sociedad y los gobiernos.

Sin embargo, desde hace pocos años, parece como si el mundo se hubiese vuelto loco. A lo bueno, se llama malo; y a lo malo, bueno. Los Diez Mandamientos, los Derechos Humanos, los frenos morales y toda moral se están tirando por la ventana.

Tras el paso de la Revolución Francesa, del comunismo y de sus primos hermanos: socialismo, progresismo y otros ismos; la filosofía de la Nueva Era y del relativismo moral se están imponiendo. Todo se explica y todo vale si de alguna forma nos favorece.

El aborto, antes tan denostado y perseguido, ahora es un “derecho de la mujer”, “una liberación”, el feto no es más que un tumor y el bebe un estorbo y fastidio para disfrutar de la vida.

Se castiga a quien, pudiendo, no evita que una persona se suicide o muera en un accidente; pero se premia a quienes los matan por miles en los vientres de sus madres.

Gobiernos satánicos se empeñan en ver blanco, lo negro. Y así, ningún diálogo es ni será posible.

El hombre sin Dios se convierte en Señor de la vida y de la muerte. La ONU, UNESCO, docenas de organizaciones no gubernamentales, multinacionales y sectas variadas pro-muerte; todos con mucho dinero fuerzan a las naciones necesitadas a legalizar el aborto libre, la eutanasia, las manipulaciones con embriones, y si no, ¡no hay dinero para ellas!

Un río de sangre clama al cielo y, sin embargo, hay quien se empeña en justificar lo injustificable. El aborto es un problema esencialmente antropológico, humano. Las religiones solo añaden una razón más, un mandamiento divino: no matarás, el primero y fundamental de todos los derechos.

Con los terroristas se acabó todo diálogo. ¿Y vamos a dialogar con los asesinos de los millones de bebés no nacidos anualmente? A estas alturas todo diálogo con los pro-muerte, todas las razones y argumentos son totalmente inútiles.

A ellos no les guía la razón sino un odio satánico al Dios de Israel y a su descendencia, los cristianos. Hacen falta algo más que diálogos y razones.

En democracia, la única solución sería que los pro-vida ganen las próximas elecciones; mientras tanto, solo nos queda rezar para que el diablo salga de los partidarios de la muerte, entre los cuales Satanás ha ganado una gran batalla: ha conseguido que no se hable de él, que parezca que no existe, para obrar sin temores

Padres, novios, amigos y maridos desinformados han sido embaucados por una masiva y brutal propaganda abortista, que los ha llevado a ellos y a ellas a ponerse en manos de médicos desaprensivos, que se han hecho millonarios; mientras tanto, las jóvenes que abortaron se enfrentan durante años a traumas y arrepentimientos inacabables.

No les habían hablado más que de la necesidad de abortar en nombre de la libertad, de la igualdad, de los derechos de la mujer, de la justicia, de la democracia, del bienestar físico y de mil “mandangas” más con las que intentan justificar el horror de la muerte de bebés a los que hay que destrozar, picar y tirar por los desagües para no pagar impuestos. En Internet, en YouTube, se encuentra docenas de videos tan repugnantes como impresionantes.

Todo esto ha sido posible porque, previamente, políticos, multinacionales farmacéuticas, industrias del condón y organizaciones interesadas han creado un ambiente propicio durante mucho tiempo. Han adormecido las conciencias con las drogas, el botellón, el sexo, el dinero, la tele, el todo vale y el ¿qué tiene esto de malo? Tiene de malo que la eterna raza de los fariseos de todos los colores, esa “raza de víboras” que vive de los pobres, los indefensos y los incultos no se conmueve por un muerto más o menos y viven de las matanzas de los inocentes.

Cuentan que algunas de las mujeres y participantes en los abortos se han despertado, sobresaltados, a media noche, ante una muchedumbre de cadáveres de bebés destrozados y en pié ante ellos. En la penumbra ,callados, miraban a sus asesinos.

No decían nada porque habían muerto antes de aprender a hablar. Durante unos segundos eternos, miraron a sus matadores y lentamente desaparecieron como habían llegado. ¿Por qué no se les advirtió que miles de familias están dispuestas a acoger a esos niños? ¿Por qué se las impulsó con rapidez a la muerte sin alternativas? ¿Sólo por dinero? Ante el aborto no hay más que una postura: ¡NO! ¡NUNCA! ¡JAMÁS!

NINGUNA INSTITUCIÓN ENSEÑA LO QUE LA FAMILIA PUEDE ENSEÑAR


Ninguna institución enseña lo que la familia puede enseñar
Norma Mendoza-Alexandry
nmendoza_alexandry@hotmail.com


¡Ninguna institución enseña lo que la familia puede enseñar! ¿Nos damos cuenta de la responsabilidad que esto implica? ¿Responsabilidad de quién?
La responsabilidad es obviamente de los adultos, en la familia, principalmente del padre y de la madre unidos en matrimonio, quienes acogen con y en el amor a los nuevos seres humanos a quienes han de criar.

Pero también había que pensar que si partimos del hecho internacionalmente reconocido de que la familia es la base de la sociedad, entonces deben intervenir todas las instituciones para su asistencia, protección, defensa y conservación en cuanto a las condiciones política, social, económica, etc. de la vida y de las familias.

La institución familiar es la que introduce al ser humano en el mundo de los valores, ya que cuenta con el invaluable recurso de los vínculos emocionales más profundos e interviene en el desenvolvimiento de la persona. La familia como institución requiere que se hagan posibles en todo momento el respeto a los derechos humanos, requiere ser reconocida como “capital social” de importancia primordial. Las políticas pro-familia que deben ser sumamente activas e incentivadas deben tener propuestas tanto sociales como económicas en el mercado laboral.

En cuanto a la asistencia social, no se trata solamente del llamado “welferism”, es decir, políticas sectoriales con fines politiqueros, sino efectivas políticas sociales que abarquen la protección del matrimonio de un hombre con una mujer y la protección de la infancia a través de la familia.

Es imprescindible, además, que la familia sea considerada como una verdadera empresa en crecimiento, de tal modo que sus integrantes sean estimulados: por ejemplo el reconocimiento del valor del trabajo de la mujer en el hogar.

La familia debe ser reconocida como pilar social en la comunidad de federaciones, pero además como garante de tradiciones, como patrimonio que sobrepasa los bienes materiales.

Para forjar un nuevo humanismo, para el logro de la disminución de la violencia, para contar con mejores ciudadanos se necesita de la familia, tal la persona - tal la familia - tal la sociedad.

La familia es insustituible para la formación de la persona como lugar de encuentro inter-generacional, es escuela de solidaridad y de evangelización.

Es la familia el hábitat natural para nacer, crecer y morir como personas. Hoy las ciencias del espíritu han sido acalladas, muchas de las características de la sociedad no son favorables a la familia. Al progreso social se ha impuesto la materialización, es decir, tener más y más; consumismo, masificación de la sociedad y por tanto, despersonalización. Se hacen a un lado muchísimos estudios sociológicos que demuestran que para cada persona la familia es la más valorada en el conjunto de la sociedad. Se nos impone un lenguaje que contrapone a la familia y al mismo tiempo hay inexistencia de suficientes políticas de Estado, lo que causa la inhibición social de las familias.

¿Nos hemos preguntado si las políticas de “perspectiva de género” se encaminan al logro de la ‘igualdad’ solamente o a la liberación de la mujer? ¿Desean liberarla de su intrínseco y natural sentido de maternidad y femineidad? ¿Por qué tanta discrepancia en cuanto a los nuevos programas en “educación sexual”?

La mujer, es verdad, tiene derecho a obtener en igualdad de circunstancias, un trabajo y salario equivalente al del varón y también a lograr sus ambiciones de éxito profesional, pero ¿cuántas de ellas hacen a un lado la idea de querer ser madres?

Muchas de ellas solteras después de los treinta y tantos, se cuestionan si pueden ser fértiles y si su prioridad de llegar al tope máximo de sus carreras valió la pena. Quizá también se pregunten por qué el plan educativo que les presentó la escuela fue únicamente con un cariz varonil en ‘igualdad’ de circunstancias, siendo que la mujer tiene sus propias características y ni en el mundo laboral se reconocen sus diferencias.

Quizá entonces dirán similarmente a una reconocida feminista en su madurez -Betty Friedan- quien estuvo al frente de la llamada “revolución feminista” : “Fue emocionante al principio incursionar en campos adonde la mujer no había llegado hasta entonces. Hoy es sólo un trabajo. Pero la devastadora soledad es peor. ¡Debe haber una mejor manera de vivir!”.

Redescubrir la importancia de la familia, fin importante que incluye: la educación de los hijos, la igualdad del reconocimiento laboral (público y privado) del hombre y de la mujer; acceso a la vida social incluyendo el concepto de que la igualdad significa la posibilidad de incorporación a las formas de vida existentes pero considerando que la igualdad, para realizarse, implica un cambio social más profundo relacionado con los valores, y por tanto: garantizar un entorno social-humanitario familiar de alcance multiplicador en todos sentidos: económico (vivienda digna, servicios); educativo integral (considerando las dimensiones de la persona humana); cultural (cívico, de convivencia y respeto hacia los demás); familiar (cooperación continua con padres de familia); servicios (no con finalidad individual sino familiar); política global, que tenga como eje a la familia como sujeto social.

“Debemos transitar de la sociedad del bienestar, al bienestar de la sociedad”, escribía el profesor Xavier Escrivá.

Fácil es decirlo, pero sobrevienen una serie de retos, entre ellos:
1. Fortalecer a la familia en su desarrollo humano y social.
2. Fortalecer a la familia en mayor autonomía para el desarrollo de sus funciones: ética de la sexualidad, trasmisión de la vida, cohesión intergeneracional, mediación de conflictos, educación y formación.

Profundizar en el significado de la ‘igualdad’ entre hombre y mujer implica necesariamente el reconocimiento de la ‘diferencia’, pero también en su ‘complementariedad’.


Tras la dicotomía igualdad/diferencia, hemos de aproximarnos a superar las imposiciones radicales feministas internacionales, superar las deficiencias del Estado liberal y del Estado de bienestar y revisar en qué medida éstos responden a que dichos modelos no han resuelto el problema de un auténtico sustento y patrocinio de la institución familiar.